El cielo se cerraba tras de mi, angustioso y susurrante, burlándose con su nubosidad de mi necesidad del calor del sol. Mis manos aun siguen teñidas de sangre, espesa y abundante, nauseabunda y putrefacta… y sobre todo, avergonzadas, nunca había matado a alguien, nunca lo había siquiera pensado y nunca había tenido que optar de esa manera, tan rápido, tan confuso, tan angustiante; nunca había matado a alguien y justo en mi primera vez, tuve que matar a un ángel.
Lo ví por primera vez un domingo de agosto, creí que me había vuelto loco, cayó en el patio de mi casa herido y agonizante, con sus alas quemadas y heridas en todo su cuerpo, nunca pude distinguir si era hombre o mujer, si es que así se puede clasificar a un ángel. Lo tome en mis brazos y su liviandad y fragilidad me recordaron a un pichon que cae de su nido. Lo cuide como quien cura a un herido torpemente y sin saber que hacer, ya que, no aparece en ningún lugar como curar a un ángel. El día en que abrió sus ojos fue como si mil clavadas de espadas en mi pecho, quede sin respiración y sin movimiento, el percibió mi dolor, se dio cuenta que moriría y aparto su vista de mi. Me explico como debía curarlo y me llamo por mi nombre sin la necesidad de decírselo y el me dijo uno de sus nombres, contándome que era uno de los caídos. Su historia fue de verdad muy triste y fue esa misma tristeza la que lo hizo caer y la necesidad de ser mas, le quemo las alas.
Cada día me sentía mas débil y el o ella cada día mas hermoso, a medida que los días pasaban, sentía la necesidad de entregarme completamente, en esencia… el ángel lo sabia y presentía que pasaría tarde o temprano. Yo no podía tocarlo ya que lo dañaba, quemándolo, hiriéndole la piel.
Hoy no podía despertar, sin embargo, sentía una inconmensurable presión en mi cabeza que reventaba y cuando logre abrir los ojos estaba sobre mí, mas bello y refulgente que nunca, como una llama que todo lo abraza mientras sus ojos sobre los míos me inmovilizaban por completo y me consumían, me estaba devorando, mi energía se volcaba, retorcía y abandonaba. Sonreía y sus ojos eran cada vez mas bellos, logre ver mi brazo y llevarlo a su pecho, pudiendo sentir toda su bondadosa maldad y su terrible y riguroso amor, de pronto mi mano sintió el latido de su corazón, presione sobre el y se incrusto en su pecho, sentí como lo perforaba y se encaminaba a través de su quemante pecho hasta que latiendo en mi mano, se lo arrebate, mientras solo sonreía sobre mi. Siempre esperó ese momento y sabría que yo lo haría. Era uno de los caídos y pudo ser un segundo Satanás, sin embargo he quedado maldito por matar a un ángel, al fin y al cabo, tuve la elección en mis manos y el pudo haber quedado con vida a costa de la mía.
El cielo me da una pequeña tregua y la niebla se disipa unos momentos… solo necesito una señal para saber que he obrado bien…
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